La apreciación del tipo de cambio y los fondos de pensiones de los trabajadores
En las últimas semanas, la apreciación del peso dominicano frente al dólar ha a ocupado un espacio importante en el debate económico. Una parte de la discusión ha surgido en sus posibles efectos sobre la rentabilidad de los fondos de pensiones, debido a que una proporción relevante de sus inversiones está denominada en dólares.
El tema merece atención, pero también exige separar tres conceptos que con frecuencia terminan mezclándose: la apreciación nominal del peso, la valoración contable en moneda nacional de los activos denominados en dólares y la rentabilidad económica de largo plazo de un portafolio previsional.
El primer punto es elemental: que el peso se aprecie frente al dólar no significa, por sí solo, que la economía esté frente a un fenómeno perjudicial ni que la moneda se encuentre sobrevaluada. Para sostener técnicamente esto último habría que analizar el tipo de cambio real y su relación con un nivel de equilibrio consistente con los fundamentos de la economía: inflación relativa, productividad, términos de intercambio, flujos de divisas, posición externa y condiciones monetarias, entre otras variables.
Una apreciación nominal puede generar efectos sectoriales importantes sin constituir necesariamente un desalineamiento cambiario.
El movimiento reciente ha sido significativo. Al 25 de septiembre de 2026, el Banco Central publicaba tasas de RD$ 59.2770 para la compra y RD$ 59.6450 para la venta, mientras las reservas internacionales brutas alcanzaban US$ 15,434.2 millones al cierre de agosto. Al mismo tiempo, la inflación interanual de agosto se situó en 5.13 % y la inflación subyacente en 4.76 %. Estos datos obligan a observar el fenómeno cambiario dentro de un cuadro macroeconómico más amplio y no exclusivamente desde la perspectiva de quienes mantienen activos o reciben ingresos en dólares.
Una apreciación genera ganadores y perdedores, como ocurre con prácticamente cualquier variación de precios relativos. Quienes reciben remesas convierten cada dólar en una menor cantidad de pesos; los exportadores reciben menos moneda nacional por sus ventas externas; y determinados sectores vinculados al turismo pueden experimentar modificaciones en sus márgenes. Pero del otro lado se encuentran hogares y empresas que compran bienes, combustibles, maquinarias, materias primas, medicamentos, vehículos e insumos importados. Para ellos, un dólar más barato puede significar menores costos y, dependiendo de la transmisión a los precios internos, una mejora de su poder adquisitivo.
Por eso resulta incompleto analizar las remesas exclusivamente por la cantidad nominal de pesos recibidos. La variable económicamente relevante es el ingreso real. Si una familia recibe menos pesos por cada dólar, pero simultáneamente enfrenta menores precios relativos en bienes transables o una inflación más moderada, el efecto final sobre su bienestar no puede determinarse simplemente multiplicando los dólares recibidos por el tipo de cambio. Hay que observar qué cantidad de bienes y servicios puede adquirir con esos ingresos.
El caso de los fondos de pensiones requiere todavía mayor precisión. Al 31 de agosto de 2026, la SIPEN continuaba publicando de manera separada la composición mensual de la cartera, las inversiones de los fondos de pensiones denominadas en dólares y las estadísticas de rentabilidad real y nominal. Esto es importante porque demuestra que la exposición cambiaria es solamente uno de los componentes que explican el comportamiento de un portafolio previsional. Los fondos poseen instrumentos con diferentes tasas de interés, plazos, precios, emisores y riesgos, por lo que su rendimiento no puede reducirse a la variación del peso frente al dólar.
Es indiscutible que existe un efecto de valoración. Cuando un activo denominado en dólares se expresa en pesos, una apreciación de la moneda nacional disminuye, manteniendo todo lo demás constante, su valor equivalente en moneda local.
De manera inversa, una depreciación del peso incrementa esa valoración. De hecho, la propia información previsional ha mostrado períodos en los cuales la depreciación cambiaria contribuyó positivamente a la rentabilidad reportada de los fondos. Por coherencia, cuando ocurre el movimiento contrario aparece un efecto negativo de valoración. Pero reconocer ese mecanismo contable y financiero es muy diferente a concluir que los trabajadores han sufrido una pérdida económica definitiva equivalente a la apreciación cambiaria.
La rentabilidad total de un instrumento en moneda extranjera depende de varios componentes. Importan el cupón o interés recibido, las variaciones en el precio del instrumento y el movimiento del tipo de cambio. Un bono denominado en dólares puede generar un rendimiento financiero positivo y, simultáneamente, registrar un efecto cambiario negativo cuando se expresa en pesos. El resultado relevante es la combinación de ambos. Más importante aún, los fondos de pensiones tienen un horizonte de inversión de largo plazo y realizan nuevas aportaciones e inversiones continuamente. Evaluar su desempeño a partir de la fotografía cambiaria de unos pocos meses puede inducir a conclusiones equivocadas.
También conviene introducir otra consideración: la exposición a moneda extranjera puede cumplir una función de diversificación. Un fondo de pensiones no debería estructurarse suponiendo que el peso siempre se depreciará ni que siempre se apreciará. Precisamente, la administración profesional de portafolios procura distribuir riesgos entre instrumentos, emisores, plazos, sectores y monedas. Una depreciación futura podría revertir parte del efecto cambiario observado durante un período de apreciación, del mismo modo que una apreciación adicional podría profundizarlo. Ninguna de las dos trayectorias debe darse por garantizada.
La discusión de fondo, por tanto, no debería ser si conviene mantener el dólar artificialmente elevado para proteger el valor en pesos de las inversiones previsionales. Convertir el tipo de cambio en un mecanismo para garantizar determinada rentabilidad a un portafolio introduciría un problema conceptual serio.
El tipo de cambio es un precio macroeconómico que afecta simultáneamente inflación, importaciones, exportaciones, deuda en moneda extranjera, expectativas, decisiones de inversión y poder adquisitivo. La política cambiaria no puede evaluarse únicamente desde el balance de un grupo particular de agentes económicos.
Esto tampoco significa minimizar los riesgos de una apreciación excesiva y persistente. Si el tipo de cambio real se alejara sustancialmente de sus fundamentos, podrían deteriorarse la competitividad de sectores transables, las exportaciones y determinados márgenes empresariales. Ese riesgo debe vigilarse.
Pero la variable relevante para formular ese diagnóstico no es simplemente cuánto ha bajado el dólar desde un máximo reciente, sino la evolución del tipo de cambio real, la productividad, los costos internos, la inflación relativa y la posición externa de la economía.
En materia previsional, el debate debería orientarse hacia un asunto más estructural: cómo lograr portafolios mejor diversificados y capaces de generar rentabilidades reales adecuadas durante décadas. La SIPEN ha destacado recientemente que la concentración de la cartera dominicana por categoría de instrumentos disminuyó 32 % entre 2020 y 2025 y ha planteado la evolución hacia esquemas de fondos generacionales. Esa discusión probablemente sea mucho más importante para la pensión futura de los trabajadores que el efecto transitorio de una apreciación o depreciación determinada.
El ahorro previsional debe evaluarse precisamente por su naturaleza de largo plazo. Para un trabajador que cotiza durante veinte, treinta o cuarenta años, lo determinante será la rentabilidad real acumulada de sus aportes, descontando inflación, costos y riesgos. Durante ese horizonte habrá períodos de apreciación y de depreciación del peso, ciclos de tasas de interés, ganancias y pérdidas de valoración y diferentes condiciones de los mercados financieros. Convertir uno de esos movimientos en explicación dominante del desempeño previsional puede distorsionar la comprensión del sistema.
La apreciación del peso sí tiene consecuencias sobre los fondos de pensiones, particularmente sobre la valoración en moneda nacional de los activos denominados en dólares. Negar ese efecto sería incorrecto. Pero igualmente incorrecto sería transformar un efecto cambiario de corto plazo en una supuesta pérdida permanente para los trabajadores. La pregunta correcta no es cuánto dejaron de valer hoy en pesos determinadas inversiones en dólares, sino cuál es la rentabilidad total, real y de largo plazo que está obteniendo el ahorro previsional.
El verdadero desafío consiste en encontrar el equilibrio: un mercado cambiario que refleje los fundamentos de la economía, una inflación controlada, competitividad sostenible y fondos de pensiones suficientemente diversificados para administrar adecuadamente los distintos riesgos. Ni la apreciación debe celebrarse automáticamente ni la depreciación debe considerarse siempre conveniente.
Mucho menos debería aspirarse a que el tipo de cambio se mueva en una dirección determinada para sostener la rentabilidad de una clase específica de activos. Al final, el objetivo del sistema previsional no es ganar con la subida del dólar: es preservar y hacer crecer, en términos reales y a lo largo del tiempo, el ahorro de los trabajadores dominicanos.

